Siempre me he considerado dormilona pero ahora sé que una cosa es que te guste
dormir y otra que puedas dormir. Y es que desde el embarazo he llegado incluso a
tener miedo a la hora de meterme en la cama...
Definitivamente los días de dormir a
pierna suelta cada vez se hacen un recuerdo más lejano de adolescencia. Hay que tener en cuenta que te vas haciendo mayor y mayores son las responsabilidades, cada vez cuesta más desconectar y, como descubrí en "dormir sin lágrimas" de Rosa Jové, simplemente el sueño
evoluciona durante las diferentes fases vitales.
El período del embarazo es buena
época para dormir sin remordimientos (o eso te dicen) ya que todo el mundo tiene asumido que a
las embarazadas les puede el sueño ¡y es que lo necesitan!. Bueno, todo el
mundo excepto mi madre, que durante mi embarazo no paraba de echarme en
cara que me pasaba el día durmiendo. Cuando, precisamente, yo lo estaba
pasando francamente mal.
Ella no veía las largas horas de insomnio que
sufría yo de madrugada, en las que ya no sabía que hacer para poder
volverme a dormir, mientras necesitaba una grúa para girarme y todo me
dolía.
El mejor momento era cuando por fin veía amanecer por la
ventana, en que me inundaba una sorprendente sensación de paz y, mientras
la ciudad se activaba, yo conseguía por fin descansar.
Recuerdo que resonaba en mi
cabeza una frase que leí durante esa época en la que Desmadreando decía que
ella había dormido más una vez tuvo a su bebé que estando embarazada y, de
hecho, durante los primeros meses de Alexandra pude confirmar que eso, en mi caso, también
era así.
Ya ni recuerdo si duermo más o menos que durante el embarazo, ahora tan sólo sé que
yo ya no marco el ritmo. Yo decido cuando me acuesto pero
no cuando me levanto ni cuantas veces me despierto. El ritmo lo marca esa cosita que siempre está a
mi lado. Al principio agotador. Confieso haber dormido profundamente en
el posparto mientras Alexandra lloraba desconsoladamente con su padre.
Pero es que yo, sinceramente, no podía con mi vida.
Esos días
pasaron, aunque en el momento pareciera imposible. Decidimos colechar, y eso significa no dormir más
solos, pero dormir al fin y al cabo. Lo mejor del colecho
es que al mínimo señal de tragedia Alexandra ya tiene su pecho o su
chupete a punto y durante un tiempo no supimos lo que era el llanto nocturno. ¡Eso para el descanso familiar no tiene precio!.
Pero desde hace dos
meses, Alexandra se despierta cada dos por tres llorando. Se nos han
pasado por la cabeza mil causas pero la verdad es que no tenemos ni idea
de lo que está pasando. Y la desesperación muchos días nos invade cuando ves
que llevas tantas semanas sin poder dormir más de tres horas del tirón.
Según el libro de Rosa Jové desde los ocho meses y hasta los seis años los niños pasan por una etapa de maduración del sueño que poco a poco les llevará a dormir del tirón toda la noche, igual que lo hace un adulto. En esta etapa se consolida la introducción de los alimentos complementarios sólidos, tienen que empezar a superar la consciencia cada vez mayor de separación de los padres, gatear y aprender a caminar y toda la exploración que ello conlleva, la aparición de los dientes y más tarde la regulación de esfínteres.
De esta manera parece ser normal que el sueño, para los niños, sea temido e inquieto. Cuesta entender ésto cuando de madrugada el niño se despierta llorando, porque lo más fácil es pensar que algo va mal. Pero el libro insiste en que nuestros hijos, los que no duermen una noche del tirón, son igualmente niños sanos y sus ritmos de sueño son totalmente normales.
Así que lo mejor que podemos hacer por ellos es simplemente acompañarlos y acunarlos. Nunca dejarlos llorar "para que aprendan" y poco a poco, cada uno a su ritmo, acabará por dormir igual que lo hacemos los adultos cuando por si solos empiecen a entender que, aunque duerman, se encuentran en un entorno seguro.