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30 de septiembre de 2014

LACTANCIA EN CRISIS


El post más celebrado de mi carrera bloguera es uno que escribí no hace demasiado titulado "la lactancia materna no es tan maravillosa". Hacía tiempo que quería expresar lo que siento tras mi propia experiencia como madre lactante y estoy contenta porque parece que conecté con muchas lectoras; ya que es mucho el esfuerzo que se hace y no siempre se siente una recompensada.

Una vez se supera la gran crisis inicial (que hay quien ni la tiene y hay a quien le puede llegar a durar unos meses) se vive un punto álgido donde no hay dolor y en cambio sí mucha conexión. 


Pero las cosas pueden torcerse de un momento para otro y yo he vivido episodios en que mi hija no ha querido un pecho, uno en concreto, de ninguna de las maneras (tengo que decir que siempre ha habido predilección por uno más que el otro). Y cuando te rechaza una toma detrás de otra ves como la sombra de la mastitis se hace larga y desempolvas el sacaleches y las pezoneras en una especie de locura por evitar sufrimiento. 

He de decir que estas crisis no han durado nunca más allá de un día, pero en cambio hace cosa de mes y medio Alexandra, en medio de una noche de llantos encadenados, decidió rechazar el pecho ¡esta vez los dos! Y de repente me vi totalmente desarmada ante una hija que sufría y a la que no podía consolar como había hecho siempre. Porque la lactancia es como una barita mágica que soluciona el hambre, el tedio, la sed, el dolor, el miedo, el estrés,... 

Me puse malísima esa noche y, una vez más, topamos con la poca ayuda profesional que existe en este sentido cuando desesperados a las cinco de la mañana nos llevamos a la niña a urgencias y la doctora, a parte de decirnos que podría estar sufriendo un proceso viral (que somos novatos pero ya hemos pillado que siempre que no saben que decirte usan el genérico "proceso viral") le comenté que mi hija de repente no quería mamar y no se le ocurre nada más que decirme que no me preocupara, que hay niños que se destetan solos y que con la edad de mi hija no pasa nada porque esto suceda.

Esta crisis duró dos días. Dos días en que me iba sacando leche y la niña se la bebía en vaso. Dos días que se me hicieron eternos porque se me ocurría que la lactancia igual se habría acabado, así, a la brava, y yo rebosando leche.


Por suerte, y como siempre, conté con toda la ayuda y soporte de mi pareja y a base de ir intentándolo (procurando no agobiar) al final Alexandra se volvió a enganchar. 


Esa misma semana aparecieron de golpe los cuatro incisivos de arriba y una amiga me pasó esta entrada de Baby Center donde hablan de las crisis de la lactancia. Una de ellas causada por la salida de los dientes.


Desde entonces encadenando crisis me siento yo, porque acto seguido Alexandra empezó a pedir pecho cada dos horas por la noche ¡y seguimos así! Como es de suponer esto es mortal para mi descanso y encima me vuelve a doler cuando mama, aunque supongo que se debe más bien a que desde que hay dientes se van escapando mordiscos que me dejan bien servida.




 Ilustración de Conrad Roset

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