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1 de abril de 2013

PASCUA EN POLONIA

Nosotros que siempre hemos celebrado el Día de la Mona en Cataluña hoy nos hemos visto en Polonia celebrando la Pascua de una manera un tanto diferente y con mucha nieve, ya que lleva todo el fin de semana nevando.


Aquí la Semana Santa en general se celebra de manera muy diferente a Cataluña o el resto de España. Para empezar se le da más importancia a la Resurrección que no a la Pasión, como sucede allí, así que aquí no hemos hecho fiesta ni el Jueves Santo ni el Viernes pero sí hoy lunes.

Igualmente el Domingo de Ramos se llevan las palmas a la iglesia para ser bendecidas. Con la diferencia de que aquí no son palmones sino unas branquitas a las cuales llaman "bazie".

El Viernes Santo las iglesias se engalanan y la gente va a los oficios donde hay cola para confesarse.

El Sábado Santo durante todo el día la gente acude a la iglesia con cestitas “Swiconka” para que el sacerdote las bendiga. En ellas se ponen alimentos como el pan que simboliza el cuerpo de Cristo, los huevos “pisanki” que simbolizan el renacimiento de la vida y que los niños han decorado el día anterior, la carne que hace referencia al ayuno de la cuaresma representado por la típica salchicha polaca “Kiełbasa, sal (que impide que se pudran los alimentos símbolo de la protección del alama humana del vicio), pimienta y dulces. Con ellos se preparará el desayuno del domingo.

Los polacos visitan también el Sábado Santo las tumbas de Cristo, unas  representaciones simbólicas de la tumba de Jesús crucificado instaladas en las  iglesias. Durante la época comunista, estas tumbas eran a menudo manifestaciones  políticas contra el régimen y el testimonio de un apoyo de los polacos al  movimiento sindical de oposición al comunismo: Solidaridad.

El Domingo de Resurrección se come con la familia y se prepara un festín más copioso que el de Navidad. La tradición es empezar el desayuno compartiendo un huevo cocido con sal y pimienta con los comensales. Este huevo ha sido bendecido el sábado en la iglesia, es un símbolo para desear los mejores augurios a la familia y amigos.
Se empieza con la sopa y también hay embutido de todas clases y dulces generalmente preparados en casa como la "Babka Wielkanocna".
Ese día las familias se visitan y al ser festivo todos los comercios están cerrados.
El Lunes de Pascua se mantiene una tradición eslava llamada “smingus dyngus” que consiste en mojar a las jóvenes para que sean más fértiles. 


Los restos de nuestro desayuno del sábado con las ramitas "bazie" bendecidas decorando la ventana


Representación de un huevo gigante "pisanki" todo nevado en un famoso centro comercial



Niños aprovechando la nieve que ha caído para hacer con mucha gracia y creatividad su representación de la tradición polaca de Pascua

29 de marzo de 2013

TORRIJAS DE SEMANA SANTA


Cuando estas fuera de tu país hay muchas cosas que se echan en falta y ,exceptuando el clima, casi todas son gastronómicas.

Por suerte hoy en día se pueden conseguir productos de todo el mundo con más o menos facilidad, aunque la oferta no sea muy variada aquí en Polonia puedes encontrar fuet en el súper por ejemplo.

Cuando hablamos de platos preparados ya es otro cantar porque más vale que te guste cocinar porque sino lo tienes crudo para comer tortilla de patatas, unas bravas, un buen caldo como el de tu abuela, croquetas, gazpacho,… 

Después están los productos que ya no puedes ni soñar. Aquí concretamente no hay casi nada de pescado y nada de moluscos. Así que nada de sardinas en escabeche, almejitas al vapor, unas gambitas al ajillo, navajas,…

Pero como por suerte en casa sí nos gusta cocinar esta Semana Santa podemos disfrutar de unas ricas Torrijas en Polonia :)

INGREDIENTES

Para las Torrijas
Una barra de pan de la víspera (mejor si es rústico)
½ litro de leche
100gr de azúcar
Una ramita de canela
Dos semillas de anís estrellado
Una corteza de limón
Dos huevos
Aceite de oliva suave

Para el jarabe
100gr de azúcar
Una cucharada de miel
Una cucharada de licor de anís
Una rama de canela
Una corteza de limón
Agua

Cortar el pan en rebanadas no más grandes de 2cm.

Hervir la leche con el azúcar, la rama de canela, las semillas de anís y la corteza del limón. Sacar del fuego y tapar hasta que se tibie.

Preparar el jarabe cociendo todos sus ingredientes con un poco de agua.

A partir de aquí recomiendo prepararse una cadena de montaje.

Primero el pan cortado. Que se pasa a un segundo plato hondo o cuenco grande donde está la leche previamente colada y se empapa el pan.

Escurrir las rebanadas, pasarlas al siguiente plato donde hay que rebozarlas en huevo batido y seguidamente freírlas en abundante aceite bien caliente hasta que se doren por ambos lados.

A medida que se sacan de la sartén, se pasan al siguiente recipiente que contiene el jarabe también previamente colado y después, por último, a otra bandeja donde se dejan enfriar.

Se pueden presentar espolvoreadas con azúcar.


La receta original la cogí en su día de la revista Whole Kitchen y concretamente es de Beatríz “con una gota de aceite”

25 de marzo de 2013

SEMANA SANTA EN SEVILLA

Ya que estamos en Semana Santa aprovecho para contaros nuestra escapada a Sevilla del año pasado con la intención de disfrutar, por primera vez en nuestras vidas, de la Semana Santa por antonomasia.


Y de verdad que espero que fuese la primera pero que no sea la última. Ya que sobre la Semana Santa y sus procesiones se escuchan muchas cosas y nosotros no teníamos muy claro con qué nos íbamos a encontrar pero la sorpresa fue muy grata.

La primera sorpresa fue que tratándose de Andalucía pensábamos encontrarnos con mucha fiesta y cachondeo pero nos vimos inmediatamente inmersos en una devoción y religiosidad a la cual tan solo puedes mostrar tu respeto. Muchos de nosotros no llegamos ni a hacernos una idea de qué pueden sentir ellos, ya que te manca el fervor religioso, pero se crea un clímax tal que te deja totalmente admirado.

Pese a tener una marcada educación católica hace tiempo que no me siento identificada con ninguna opción religiosa, aunque tengo que reconocer que experimento cada vez más admiración hacia la búsqueda espiritual de manera personal, y que no tanto a las diferentes organizaciones religiosas.

Y con esta mochila personal conseguí disfrutar muchísimo de la Semana Santa como espectadora. Sevilla es una ciudad preciosa y cuando hace buen tiempo, porque llegamos a pasar mucho frío por las noches, es genial pasear por sus calles y disfrutar de su gastronomía.

Perderse por el barrio de Santa Cruz indispensable. Construido sobre un antiguo barrio judío es quizás el más bonito y llamativo por sus estrechas calles, llenos de tranquilos patios de flores. Porque si hay una cosa que encandila es el olor a azahar que desprende la ciudad. En este barrio es donde se encuentra la famosa Giralda y la Catedral, los Reales Alcázares, el callejón del Agua, la calle de las Sierpes (la más famosa),… y el lugar con más solera  (el cual no dejamos de visitar las veces que pasamos por Sevilla) la típica taberna sevillana Casa Plácido.




Se trató de una escapada e íbamos un tanto perdidos de manera que vimos tan sólo unos cuantos pasos.  Impresionante la Hermandad del Silencio por su rigor penitencial y compostura. Aun que preciosas lo son todas y el sacrificio de los costaleros admirable.

Y allí En el barrio de Triana, de suelos empedrados, donde se respira historia  y hay una oferta gastronómica muy agradecida, nos encontrábamos cenando en LaComidilla (donde fuimos a parar saltando de un local a otro porque todos estaban abarrotados pero nos dejó muy buen sabor de boca) nos encontró la hermandad de la O.  

Para comer en el mismo barrio también recomendamos Sol y Sombra, con un ambiente muy taurino. Nos encantó todo y disfrutamos muchísimo.

Al día siguiente casi no llegamos a ver la entrada de la (para nosotros) más famosa figura de la Semana Santa de Sevilla. La Macarena. Ya que con la amenaza de lluvia se decidió entrarla antes de tiempo. Me sorprendió mucho que esta figura hiciera casi todo el recorrido de noche (yo ignoraba totalmente que de noche hubiera tanto movimiento)

Y así dejamos Sevilla, sumergida en la conmemoración de la pasión y muerte de Cristo, pero con la esperanza de algún año poder volver a disfrutar de ella.    











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